Competencias ciudadanas, desarrollo moral y transversalidad.
Wilgen Navarro Velásquez

El año anterior, el ministerio de educación nacional, dio a conocer los estándares básicos de competencia ciudadana. Formar para la ciudadanía ¡si es posible! tomando como base el respeto, la defensa y la promoción de los derechos humanos y la relación de dichas competencias en el desarrollo moral.
Propone en ellas, como espacio para la formación ciudadana, la transversalidad como responsabilidades compartidas en todas las instancias de la institución escolar y la comunidad educativa; ambientes democráticos que favorezcan el ejercicio de las competencias ciudadana y espacios específicos para el aprendizaje y la práctica de componentes ciudadanos con casos reales o simulados.
Frente a esto cabe plantear los siguientes interrogantes: ¿formar para la ciudadanía son estándares enunciados para la escuela actual o para una nueva que se desea construir? ¿qué entendemos por transversalidad? ¿es solo responsabilidad compartida escuela-comunidad educativa? ¿qué es desarrollo moral y como facilita la formación ciudadana? ¿quedaran los estándares básicos de formación ciudadana como mera formulación enunciativa y en buenas intenciones?
Indudablemente la puesta en escena de los estándares en mención, encontrará obstáculos en la escuela, pues, muy a pesar que en la modernidad y postmodernidad el discurso pedagógico ha cambiado, la estructura organizadora de la escuela sigue siendo vertical y rígida, las practicas pedagógicas siguen marcadas por el autoritarismo, por la imposición y el academicismo repetitivo.
La fragmentación y la atomización imperante en la escuela interfiere la posibilidad de la transversalidad, pues esta es, apertura y flexibilización y requiere de una lógica global e integral que vincule la cultura escolar con la no escolar.
La transversalidad no solo es interdisciplinariedad, es transdisciplinariedad entendida como “un nuevo enfoque cultural y científico, cuyo propósito fundamental...es crear una nueva lógica que permita la interacción entre especialistas de diferentes ramas del conocimiento y la comprensión del mundo actual”.
Por otro lado, el desarrollo moral, entendido “como el avance cognitivo y emocional que permite a cada persona tomar decisiones cada vez más autónomas y realizar acciones que reflejen una mayor preocupación por los demás y el bien común”. No lo adquieren los niños pasivamente del ambiente sino construyéndolo dialécticamente en su relación con otros, de adentro hacia fuera, con un acompañamiento que le garantice afecto y respeto mutuo.
El conocimiento, el desarrollo moral y los valores no deben exponerse como hechos definidos y acabados, ya que esto impide que el alumno construya su autonomía y desarrolle su personalidad, pues la única alternativa que le queda es obedecer y repetir lo que su profesor le enseña. Para Piaget, la tendencia natural del desarrollo del niño, es que precisamente el complemento consecuente del desarrollo intelectual del niño es el desarrollo de la personalidad (ver Flórez, Pág. 96). En el sentido principal de afianzar su autonomía, es decir, llegar a ser capaz de pensar por sí mismo, con sentido crítico, teniendo en cuenta los puntos de vista del otro. No puede haber moralidad cuando se consideran únicamente los propios puntos de vista. Para Piaget la “reciprocidad”, fuente del desarrollo moral se construye sobre la base de la descentralización y coordinación de puntos de vistas en perspectivas cada vez más amplias sobre las cosas y personas que nos rodean.
La formación ciudadana ¡es posible! Pero si se “asume una actitud no dogmática frente al conocimiento y su consecuente, el cual debe ser apreciado como producto de un proceso que permite reconocer sus limitaciones y relativizar algunos de sus aspectos, estimulando la contradicción, la crítica, y la búsqueda de alternativas diferentes; reafirmando un espíritu de participación, de compromiso, de colaboración y respeto por el otro” (Navarro, Wilgen. Documentos).
Bibliografía
Ministerio de Educación Nacional. Formar para la ciudadanía...¡si es posible!. Documento.
FLOREZ OCHOA, Rafael. “Hacia una pedagogía del conocimiento”. Mc Graw Hill. 2000.
LÓPEZ, Nelsón. “La transversalidad académica y curricular: Hacia la reconstitución de la escuela. Revista Magisterio No 6.” Pág. 14. 2004.
NAVARRO, Wilgen. “Democracia y participación en la escuela. Legislación y realidad. Documento”.  
*Lic. En Matemáticas. Especialización en Investigación Educativa.