REVISTA VESTIGIOS

Cultura de la miseria


Fernando Alfaro Arias*

Históricamente los seres humanos se han tenido que enfrentar con realidades que lo ubican en situaciones  incómodas, frente al hecho de ser o no ser, de actuar o no actuar, de querer o no querer, de amar o no amar, pero dentro de toda esta esfera de hechos, sin excepción,  la humanidad en su conjunto se ha visto enfrentada al monstruo inmisericorde de la miseria arrolladora.
 La miseria no es un don ni una herencia mal recibida, es más que todo una actitud o una condición del ser frente a las cosas dadas. Una cosa es vivir en la miseria y la otra es ser un implacable miserable, que sería una actitud y no una situación física o material de la vida.

 La pobreza puede limitar a sus prisioneros sociales en la consecución de sus beneficios materiales, pero jamás podrá limitar la capacidad del pensamiento humano, que siempre busca una soñada libertad. La mente humana jamás podrá ser encarcelada. Hoy, no es la miseria la que doblega al individuo, es la cultura miserable que el mismo hombre ha ido creando, lo que lo mantiene en un estado de esclavitud espiritual.  La cultura de la miseria se ha adueñado del pensamiento y ello ha contribuido en el desarrollo de cierto pesimismo, frente a toda clase de tareas, que limitan el compromiso que se tiene como seres generadores de progreso y desarrollo.

 No es extraño encontrar en cualquier tiempo o espacio, personas que permanentemente se viven quejando de su situación vivencial, lo cual manifiestan de diferentes maneras con frases  comunes,   que   ya hacen  parte del decir popular: yo si soy de malas, nada me sale bien, si yo tuviera plata, si fuera un profesional, si me pagaran hoy, si hubiera escuchado a los viejos, si ganara un poquito más, si ella o él me quisieran; lo anterior no es más que un manto que busca ocultar nuestra propia realidad, es decir, la incapacidad que tenemos de enfrentar nuestros propios retos, que nos convierten en última instancia en seres alienados y atrapados en el mundo de lo irracional , la inoperancia y el miedo. 

 Es triste encontrar un escenario donde prime una situación igual o parecida, lo mejor es iniciar un proceso de reflexión que nos permita seguir por los senderos de la libertad y no de la sumisión, mediante la acción y el compromiso permanente, que guie y no limite al ser en el camino que sus aspiraciones le han señalado.

 La miseria espiritual se conjuga con la inacción, que es lo que en última instancia hace que se desarrollen una cantidad de temores, que terminan dominándonos y en consecuencia esclavizándonos. Debemos luchar por nuestra libertad espiritual y desde ahí iniciar la construcción de una verdadera identidad como personas y como miembros de una comunidad que exige nuestra capacidad de compasión, de aceptación, de liberación, de perdón y desinterés en cada una de las acciones que se realicen.

 La cultura de la miseria nos ha robado la libertad, entendida ésta como la capacidad de acción que nos permite hacer o no hacer una cosa, atendiendo el mundo circunstancial, sin imposiciones o exclusiones. Se debe entonces, a cambio de esta cultura mezquina y humillante, transformar el estado en que la conciencia domina y limita el ejercicio humano, por otra que genere actitudes de libertad y cambio, donde la creatividad sea el camino que permita descubrir nuestra verdadera realidad, en aras de ser unas personas y no unos individuos aislados y atados al estatismo de una realidad inconclusa. 
La vida debe recuperar su existencia, porque sólo así podrá descubrir, iniciar y desarrollar sus propios retos, sin temores ni ambigüedades. Enseñemos a vivir la vida, a mirar más allá de las cosas existentes, a descubrir iniciativas, enseñemos a vivir la libertad, a reconocer la alteridad en donde el uno y el otro no se miren como competidores, sino como miembros de una comunidad que busca construir un mundo diferente y tolerante. Para iniciar un proceso de reconstrucción, es muy importante que desde la educación se forme en una cultura de cambio, en donde la acción innovadora sea lo que prime.

 La miseria en que se vive, no puede ser el pretexto para que se asuma una vida miserable desde el punto de vista cultural, se debe cambiar mentalmente para que el ejercicio de la acción se conjugue por los caminos del triunfo y no del fracaso, del amor y no del desamor, de la tolerancia y no de la intolerancia, de la paz y no de la guerra, que tanto daño le ha causado al país.
 La vida es lo mejor que te pudo pasar, razón por lo que debes descubrir su verdadera esencia.
   *Lic. En Ciencias Sociales y Económicas.