REVISTA VESTIGIOS

El tiempo y el espacio para la asistencia a los más necesitados.


Iván Pérez* 

Como es lógico en todo momento histórico, los tiempos traen sus propias dificultades. Actualmente se cumplen los presupuestos de analistas económicos e historiadores respecto a la afirmación de que la brecha entre ricos y pobres tiende a hacerse cada vez más amplia e incluso muchos apocalípticos invitan al sepulcro de una clase media agonizante. Toda una realidad que nos induce a reflexionar y a impulsar la transformación del status quo, ya que las clases populares contribuyeron con un importante impulso a las iniciativas de cambio. Lo hicieron electoralmente en casi todo el país, y gracias a la democracia por mecanismos pacíficos. Ahora bien, cumplido el compromiso popular de colocar en el poder administrativo de muchas ciudades y municipios colombianos, a excelentes amigos de la paz, es plausible señalar que estamos ante el verdadero “momento de la gente”. Los núcleos populares masivamente aportaron su decisión en un tiempo en el cual parecían perdidas sus esperanzas y como es natural el desenlace histórico del periodo de gobierno que inicia les haría comprender sabiamente si erraron, acertaron o se cumplió nuevamente la sentencia napoleónica “siempre existirá una masa para utilizarla”.
Ganada la oportunidad en el tiempo, los movimientos que accedieron al poder les corresponde dinamizar procesos de participación ciudadana a gran escala, no cerrar espacios, ya que el ostracismo es propio de la estructura dictatorial, y nocivo para la estructura democrática. En este orden de ideas la moderación es conveniente porque expandir fronteras ideológicas sin presupuestos prácticos y sin organización nos conduce al caos y la ilusión con lamentos posteriores de lo que pudo haber sido y no fue. Igualmente debemos considerar que en vastos sectores populares encontramos muchas necesidades, pero su espíritu luchador ofrece resistencia a la miseria. Este espacio invita a todos los ciudadanos demócratas a ayudar al cumplimiento de los programas propuestos por los gobernantes, a inducirlos a realizar lo planeado como elemento básico de respeto de un pacto social y de un compromiso ineludible con su gente, que no continué impulsando la miseria y el abandono. A todos los amigos de la tolerancia y del trabajo social incansable les corresponde colocarse a tono con el establecimiento del estado comunitario y los principios del Municipio Educador, atender certeramente las preocupaciones populares, y que la gestión que inician, demarque el lindero entre los lideres comprometidos con su nación y los “usureros” de la esperanza que erigen su poder sobre la fuerza y la humillación. Finalmente, para los primeros queda un compromiso explícito con todo el país, consistente en demostrar en la praxis que los gobiernos con énfasis social, son la negación concreta de las prácticas políticas verticales y excluyentes.  

 *Lic. Ciencias Sociales y Económicas.