Esta camisa que habito
Richard Montes Díaz

Esta camisa que yo habito se me ajó de tanta humanidad,
se vino de bruces un día común y corriente,
un día en que se hace imprescindible olvidar como me llamo,
un día en que la ciudad está poblada
solamente de normalidad
y de débiles enamorados, confabulados con la rosa,
un día enrojecido por cuchicheos espantosos y oficinas
y hospitales para siempre privados. Por las mismas calles paralíticas,
con toda la razón y la utopía social de espaldas a mí.
Esta camisa que habito, (y no es para que la quemes),
con sus violentas rayas locales
se ha desentendido de lo que atesoro a pesar de mi,
ha sacudido mi pecho con todos sus corazones
como si no entendiera lo que me toca,
como si yo no entendiera lo que me clasifica.
Esta camisa que habito y me habita,
posada en mi dorso,
sin renunciarme
Me ha cubierto por entero y amargo con sus fondos vitales.
No es una rosa ni una tarde floja o un idilio parcial
Es algo más
Un puño derretido, una cabeza enmohecida, una pierna sin corazón:
Una indefensa red de impactos humanos.